En el caso de México, durante las dos primeras décadas del siglo XX al menos, en las publicaciones médicas y en los primeros libros de texto de biología, se habla ya de «leyes de la herencia», «leyes de Mendel» e «hipótesis sobre la herencia». Sin embargo, este conocimiento no da lugar a que se inicie ningún programa de investigación sistemática en herencia o genética y así, tomando el sentido operativo de la introducción de una ciencia, no es sino hasta la década de 1930 cuando la genética realmente se introduce en México, y con una fuerza y un empuje aún mayores a partir de la década de 1940.
Quienes empiezan a planear y ejecutar programas de investigación en genética ligados a la investigación agrícola, son los agrónomos.
¿Por qué siendo los médicos una comunidad mucho más fuerte y cimentada, y siendo ellos quienes durante las últimas décadas del siglo pasado se encargaban de estudiar los fenómenos hereditarios, sobre todo desde una perpectiva reduccionista, no son ellos los primeros en hacer investigaciones genéticas? Las respuestas pueden ser diversas; sin embargo, desde nuestra perspectiva, la respuesta más acertada se encuentra más bien dentro del campo de la política y de la economía, es decir, la introducción de la genética por la vía de la agronomía, referida a las necesidades más urgentes que el país presenta en ese momento histórico, hacen que esta última reciba un apoyo mayor que otras disciplinas por parte del gobierno.
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